Business are business, dice una frase popularizada hace ya algún tiempo. Pero pese a que hay quienes sostienen que, efectivamente, negocios y placer no deberían mezclarse nunca. Del otro lado del mostrador, hay quienes señalan que – contra todos los pronósticos- no hay nada más placentero que trabajar con amigos. Ventajas (¿y desventajas?) de emprender proyectos laborales con esos amigos del alma.
Por Guillermina Delupi/ Tw: @gdelupi

 

Verónica & José Luis
Creacción: creer para crear


Pasaron por casi todas las relaciones posibles: fueron profesor/alumna, se hicieron amigos, tuvieron una etapa de jefe/coordinadora, hasta que finalmente le hicieron caso al destino y se asociaron en Creacción, consultora dedicada al coaching, training & mentoring.
“Soy amiga de José desde que tengo 18 años. Lo conocí cuando empecé a cursar las carreras de periodismo y locución en el CUP. Él era mi profesor en primer año y a las
pocas semanas de iniciar el cursado, ya nos hicimos amigos. Encontramos afinidades
desde un principio. Era muy gracioso, porque durante la semana nos relacionábamos
como alumna – profesor y los fines de semana salíamos a bailar juntos”, cuenta Verónica
Sirkovich.


Así nació esta amistad que los llevó en 2008 a montar su consultora: “En el camino, cada
uno fue construyendo su perfil en la profesión y cada vez que quise emprender algo, no
podía sino pensar en que ella era la persona indicada. Así creció la amistad y también las
experiencias profesionales. Finalmente, en una mateada de domingo nos dijimos que era
tiempo ya de creer que podíamos crear algo mayor con nuestras acciones. Así nació
Creacción”, dice José Luis.
“Nos dimos cuenta que pensábamos muy parecido a nivel profesional, compartíamos
criterios y, lo principal, estábamos alineados en término de valores y cuestiones éticas.
También reconocimos que contábamos con habilidades similares a nivel profesional y que
a su vez, podíamos complementarnos en talentos que ambos tenemos”, agrega Verónica.
Socios en los negocios, amigos en la vida personal. Compartir un espacio laboral
cuando hay en juego otros vínculos, es una tarea que requiere por parte de los
involucrados, de cierta claridad en los objetivos y mucho cuidado para con el otro. En este
sentido, tanto Verónica como José Luis supieron siempre llevar ambas relaciones a buen
puerto. “Si hay algo que nos distingue, es que a lo largo de tantos años de amistad,
siempre supimos separar espacios. Ni siquiera fue necesario conversarlo, supimos
hacerlo naturalmente. Y creo que para que ello ocurra fue y es indispensable el respeto, la
admiración y el cariño que nos une”, explica ella.

Por su parte, él agrega que asociarse era casi inevitable: “Disfrutamos mucho el tiempo
compartido, el acompañarnos en la vida y sistemáticamente logramos algo mayor a lo que
cada uno podría por sí mismo”.
Juntos a la par. Con toda una vida recorrida juntos, Verónica destaca la confianza que se
crea y la complicidad: “A mí me emociona saber que él me acompañó cuando me recibí
de periodista, cuando quedé embarazada, cuando tuve a mi hija, cuando certifiqué como
coach, cuando tuve amores y desamores, ¡toda una vida! Me conoce hasta cuando
levanto una ceja; y yo a él, igual. Llegar a ese nivel de intimidad en una relación que,
además, tiene un desarrollo laboral y personal es invaluable”.
En tanto, con una amistad fundada en la autenticidad, la sinceridad y la confianza que los
dos supieron trasladar al plano laboral, José Luis señala que lo mejor de trabajar con un
amigo es que “si te ocupás de cultivar un espacio, el otro crece inevitablemente”.

Federico & Esteban
La alegría de compartir el día a día


Lejos de temer que los negocios pongan en conflicto sus relaciones de amistad, a
Federico Ferral le encanta crear empresas con amigos. Tal es el caso de Croppers, Black
Pan, Junot, Integralis y Femex: en todas está asociado con amigos.
“Me encanta hacer empresas con amigos porque comparto la alegría del día a día por
encima de los negocios y los beneficios que pueda tener una empresa”, dispara.
Así, se asoció con Esteban Sánchez, de quien es amigo desde hace 20 años (y ya llevan
12 años de sociedad).
“Hacía un tiempo que no nos veíamos, un día nos cruzamos en la calle y de charlar
poniéndonos al día empezaron a surgir oportunidades de negocios para hacer juntos”,
relata Esteban.
Efectivamente, la idea de asociarse surgió espontáneamente y ni siquiera se plantearon si
una sociedad afectaría una amistad de tantos años: “La verdad que fue todo lo contrario,
creo que afianzamos la amistad y nos complementamos mucho”, dice Federico.
Por su parte, Esteban señala que “en la medida que uno esté dispuesto a ponerse en el
lugar del otro, a tratar de entender por qué el otro piensa lo que piensa, a siempre estar
dispuesto a ceder, la amistad no va a correr riesgo nunca, como tampoco correría riesgo
una sociedad de personas que no son amigas. La sociedad es una convivencia diaria y
para convivir pacíficamente y disfrutar lo que uno hace con su socio, es clave tratar de
entender al otro, estar dispuesto a ceder. En nuestro caso afrontamos el día a día así y
por eso ni nuestra amistad ni nuestra sociedad corren riesgo”.
Amistad y trabajo sí se mezclan. Una de las claves de este combo amistad-trabajo es
sin lugar a dudas el diálogo. Porque siempre, en algún punto, ambas cosas se mezclan y
conviven: “Es inevitable que se mezclen, pero los dos tenemos mucho diálogo, siempre
nos ponemos de acuerdo, terminamos consensuando. Alguna vez afloja uno; otras, el
otro”, dice Federico.


En el mismo sentido, Esteban señala que “es natural que se dé así, ya que en la
convivencia diaria está siempre el trabajo y la amistad arriba de la mesa. Es como parte
de un todo que no se separa”.
Disfrutar, lo primordial. Para Federico, lo mejor de trabajar con un amigo es el disfrute
que eso supone: “Pasamos tantas horas en el trabajo que en mi caso sería imposible
trabajar sin amigos. Con Tebi, después de tantos años trabajando juntos, somos más
amigos ahora que antes de ser socios”.
Esteban dice que lo mejor es saber que uno tiene al lado una persona que conoce bien,
que comparte los mismos valores y sobre todo, una persona en la que uno confía plenamente. “Creo que se disfruta el doble trabajando con un amigo y que la amistad va
creciendo todos los días. No te voy a decir que a veces no nos queremos matar
mutuamente (se ríe) ¡pero siempre con onda! Es como una aventura diaria… ¡y qué mejor
que encarar una aventura con un amigo!”

Pablo & Leandro & Sebastián
Tres amigos, un bar


Se conocen desde hace varios años. Han ido juntos de vacaciones, han salido en
incontables noches y ya perdieron la cuenta de cuántos asados han disfrutado juntos.
Si hay algo que a este trío le sobra, son anécdotas y recorridos por los bares de Córdoba.
“Un día a Sebastián se le ocurrió que quería poner un bar. Por ese entonces Leandro
andaba con ganas de abrir un negocio y yo algo de experiencia tenía. Entonces nos
juntamos los tres, birra de por medio, y decidimos emprender”, cuenta Pablo.
Así nació Al Bar, ubicado en la galería Tierra León, en pleno barrio de Güemes (Belgrano
745, planta baja, al fondo).
Sebastián agrega que desde el primer momento tuvieron la convicción de que podían
armar un lugar donde pudieran converger amistad y trabajo: “Todos estábamos en
sintonía, fue como una señal. Y el hecho de conocernos de mucho tiempo antes y saber
cuáles eran nuestros gustos nos llevó a saber qué era lo que queríamos de un bar, lo que
hizo más fácil la planificación”.
Lo primero es la amistad. Para este trío, es inevitable que el trabajo y la amistad se
mezclen, sobre todo cuando se tiene un bar, un lugar de encuentro, donde además se
suman otros amigos, los amigos de esos amigos, sus novias. ¿El secreto para que
funcione? Según Pablo: “Hacer que trabajo y amistad se mezclen proporcionadamente.
Claro que a veces discutimos, pero nos conocemos, sabemos que vamos bien y eso nos
anima a seguir avanzando”.


En la misma línea, Leandro sostiene: “En lo primero que pensamos fue que una sociedad
podría traernos problemas en nuestra amistad, pero decidimos que priorizaríamos
siempre la amistad. Dicho eso, nos embarcamos en la aventura”.
Y agrega Seba: “Siempre quedó claro que la amistad está por encima de cualquier
proyecto o negocio”.
Cuando la amistad es verdadera. “Lo mejor de trabajar con amigos como Lea o Seba es
la sensación que se confirma día a día de que es una verdadera amistad la que nos une”,
apunta Pablo.
Para Sebastián, lo mejor de trabajar con un amigo es que no tenés que preocuparte de
cuestiones como la sinceridad y la honestidad, que entre amigos se dan por descontadas:
“Nos conocemos tanto y sabemos tanto de qué estamos hechos, que sólo nos queda
preocuparnos porque la cerveza esté bien fría, que sea la mejor y por hacer que el bar
crezca día a día”.
Por su parte, Leandro dice que la confianza es fundamental: “Entre tantas buenas cosas
que hay, lo mejor es la confianza que tenés con un amigo cuando emprendés un negocio.
Creo que al hacer algo que nos gusta y apasiona a los tres, nuestra cabeza no está tanto
en la sociedad laboral, sino en lo lindo que es compartir un bar con amigos”.-

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