Llegó a Córdoba para presentar su muestra “Pasaporte a lo imposible”, mientras se prepara para alzar un nuevo Partenón en Alemania, construido con cien mil libros prohibidos en el mundo. Fue parte de la contracultura artística y ahora afirma: “soy mi propia contracultura”. A los 74, su creatividad e irreverencia se mantienen intactas.

Por Sol Aguirre

-¿Cómo experimentás la exposición que inauguraste en Córdoba?

-Como obra es la “galería blanda” más hermosa y mágica que hice, porque todos los colchones están impresos con mi obra “Mandela”. Tiene una tonalidad flúor y naranja de una originalidad única. Además, se complementa con videos. La obra está integrada por 200 colchones y espero donarla a alguna institución de Córdoba. Estoy muy contenta.

El regocijo de Minujín se deja entrever en su mirada, que se vislumbra a través de los clásicos lentes que ya forman parte de su identidad: los empezó a usar en la década del ‘70 como una forma de “camuflarse” ante la dictadura. Con el tiempo, ese objeto ligado a una experiencia de temor se integró a su vida, incluso a su personaje artístico.

En “Pasaporte a lo imposible”, muestra que se expone en Casa Naranja, la artista desafía al público a meterse, literalmente, dentro de las obras. “El arte tiene que darse en un lugar blando, donde la gente pueda apoyarse en las paredes, saltar, mirar todo en distintas dimensiones”, comenta.

-¿Cuál era tu propósito al iniciar tu carrera? ¿Cambió con el paso del tiempo?

-El propósito es el mismo. Siento que mi arte es como tener un vómito de los dioses que hay que plasmar. El arte me obliga a sacar todo de adentro mío. Por eso nunca miré ni miro mucho para afuera, miro para adentro. Para ser artista hay que mirar para adentro.

-¿Cuál es la obra propia que más te marcó?

-Las obras con colchones. Al primer colchón lo agarré de mi cama y lo convertí en obra de arte. Después de eso, pude seguir reproduciendo y mejorando la idea de hacer arte con ellos.

El trabajo con colchones tiene para Minujín no sólo un significado artístico, sino también personal. A los 16 años ganó una beca para vivir en París. En la capital francesa arrastraba los colchones que encontraba en la calle hasta su taller. “Era muy pobre, todo lo que había ganado con la beca lo ponía en la obra. Me moría de frío incluso, una locura”, confiesa sobre esa época. A más de 50 años de aquella experiencia, Minujín volverá este año al Viejo Continente para construir un nuevo “Partenón de libros prohibidos”. El concepto es similar al del Partenón que hizo en Argentina para “celebrar la recuperación de la democracia”, en el año1983.

En esta oportunidad, la obra estará conformada por 100.000 libros procedentes de todo el mundo, que están o estuvieron censurados en diferentes lugares y se construirá en la plaza de Kassel, Alemania, donde en 1933 los nazis quemaron unos 2.000 textos. La obra formará parte de “Documenta”, la feria de arte contemporáneo más importante del mundo.

-¿Cómo te estás preparando para el nuevo Partenón a nivel internacional?

-Es una obra brutal, con movimiento. Hace un año y medio que tengo mi cabeza puesta en esa obra: juntando fondos, sponsors, libros, viajando. Va a ser espectacular.

-Sos una artista que se gestó y fue protagonista de la contracultura ¿Cómo ves hoy la contracultura en el país?

-Hay poca contracultura y no es under. No hay algo under. Todo se hace para el afuera porque a eso te obligan las ferias. En un sentido, la feria es lo peor que puede haber para el arte, porque la gente va a comprar y el arte está invadido por la ansiedad: de los artistas por vender y por ser “el mejor”, de los galeristas por vender, de los coleccionistas por comprar, de los periodistas por ver algo novedoso. A las ferias de arte va todo el mundo. Todo el mundo al que no le importa el arte.

-¿Cuál es el estadío contrario, el que promueve el arte?

-La feria es una contradicción para el artista, que tiene que crear sólo, individualmente, para muchos o para pocos. Hay poco pensamiento conceptual de lo que tiene que ser el arte. La soledad, las ideas y un concepto sobre el arte es lo que hace grande al arte y al artista.

-¿En la actualidad seguís sintiéndote parte de una “contracultura”?

-Hoy me siento parte de mi propia contracultura. Otras no veo. No tengo colegas que estén generando una contracultura.

-¿Cómo ve tu mirada de artista al arte argentino hoy?

-Mejor que nunca. Nunca hubo tantos artistas, tantas galerías, tanta gente que viva del arte. Hoy pasa eso: muchos artistas viven del arte, mientras que antes no vivía nadie del arte… ni yo misma, que con el tiempo pude ser la manager de mi propia obra.

-Decís que lograste ser manager de tu propia obra… ¿qué implica pensar en el aspecto comercial de tu trabajo?

–Es una gestión que nace en la creencia: creo tanto en mi propia obra que logro las cosas que me propongo, inclusive venderlas. Logré, por ejemplo, convencer a una marca para que me done 30 mil panes dulces y me financie, en su momento 50 mil dólares, para hacer un obelisco…eso es algo increíble.

-¿Te queda algún sueño por cumplir?

-Sueño con hacer arte en la luna. Dejar allí una obra mía efímera, pero también eterna (sonríe).

Hacia lo imposible con Minujín en Casa Naranja

La muestra “Pasaporte a lo imposible” combina obras de la producción histórica y contemporánea de Marta Minujín. La exposición es auspiciada por Naranja y se puede ver hasta el 30 de junio en el edificio central de la empresa, Casa Naranja (Tablada 451)

Minujín, desde una mirada cordobesa

María Paulinelli. Docente de la Universidad Nacional de Córdoba en la Facultad de Comunicación Social.

Toda vanguardia es ruptura con lo establecido. Interpelación a las propuestas legitimadas por  la hegemonía. Provocación a  lo existente. Instigación a la creatividad, a lo diferente, a lo nuevo. Los ‘60 fueron el tiempo de las últimas propuestas vanguardistas. Desde entonces, la vanguardia quedó convertida en una aspiración a lo imposible. Marta Minujín es todo eso. Ruptura. Provocación. Instigadora de la creatividad como desparpajo.

Las múltiples experiencias la convierten en un referente ineludible de aquellos años que sacudieron y conmovieron el mundo. El Instituto Di Tella fue su casa. La irreverencia su postura. “La Menesunda” no se olvida fácilmente. Fue por más. Estados Unidos y Europa la reconocieron en su capacidad innegable de convertir la realidad  en otra cosa. Más humana. Con algo de poesía y quizás algo de locura. Era “su representación” ajena a los cánones reconocidos. Pero eso no fue todo. Traspasó el tiempo: permaneció intacta en su desenfado. Apabulló la cultura con obras grandiosas. La calle ya no fue sólo el espacio posible de transformar, sino que fue el único lugar que pudo contenerla. Reconstrucciones de edificios con libros. Ésa es la maravilla de ser una artista  que no cambió su derrotero. La permanencia en la posibilidad de la vanguardia como transformación de los hombres y su mundo. Como una aspiración a lo imposible.

Marcelo Nusenovich. Artista, docente e historiador del arte. Magister en Sociosemiótica y Dr. en Artes por la UNC. Profesor Titular Plenario en la Facultad de Artes de la UNC.

Entre la antibienal  y la formalidad. La relevancia principal de la muestra estuvo dada por la propia presencia de la artista en Córdoba. Nos visitó también hace muchos años, en 1966, en ocasión de la llamada “Antibienal”, evento paralelo a la  Bienal de Arte Latinoamericano organizado por Oscar Brandán y otros. En la exposición que inauguró en Córdoba, me pareció muy clara la propuesta curatorial de Rodrigo Alonso. Confieso que por momentos extrañé la espontaneidad y el carisma de la artista. Un ejemplo fue cuando leyó un texto inaugural, demasiado formal para su estilo de arte/vida.

Luz Novillo Corvalán. Artista, gestora cultural y curadora. Se siente parte del fenómeno de artistas que trabajan en muchos campos. Inmersión en el estímulo

Casa Naranja presenta por primera vez en Córdoba una muestra imperdible de esta artista, donde el espectador podrá no sólo experimentar los estímulos sensoriales de espacios de  inmersión, sino también conocer sobre su destacada trayectoria nacional e internacional y  la complejidad de su producción.

 

 

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