Por María Ester Romero / Fotos: Federico Rodríguez B.

Son dos hermanas cordobesas que integran ‘las Toritas’, la selección argentina amateur de boxeo femenino. La historia familiar cabalgó sobre privaciones, necesidades, violencia y dolor. Hasta que encontraron el camino en un deporte rudo, al que le dedican horas de preparación y entrenamiento.

Participaron de los Juegos Panamericanos de Lima y están recién llegadas de Rusia. Desde Perú, Leonela trajo la medalla dorada, la primera en boxeo de la historia de los juegos. Dayana obtuvo la presea de plata. Tienen un gran sueño: llegar juntas a Tokio 2020 y escribir parte de la historia del deporte nacional.

DAYANA

¿Qué hechos las motivaron a dedicarse al boxeo?
–En realidad, nunca me había gustado el boxeo. Cuando era chica era muy compañera de mi papá. Él fue boxeador amateur y profesional y le ofrecieron ser técnico. Cuando comenzó a dar clases en el gimnasio, yo lo acompañaba. Un día puso a dos compañeros como sparring. Uno ensangrentó al otro y eso fue lo que despertó mis ganas. Y me dije: tengo que hacer esto. Cuando comencé tenía 10 años.

–¿Qué significa para una mujer practicar un deporte tan rudo y tan identificado con los hombres?
–Nunca lo vi como un deporte de hombres, ni me lo hicieron sentir; más allá de que en ese tiempo no era muy sentido el boxeo femenino. Tuve todo el apoyo para seguir adelante.

–No fue fácil la infancia y la adolescencia…
–Mi infancia fue increíble. En mi adolescencia, mi papá se nos fue de las manos. Ingresó en la droga y eso separó la familia. La pasamos muy mal. Hoy estamos bien. Él por su camino, nosotros por el nuestro.

–¿Cómo es el entrenamiento de una boxeadora?
–A las 6 arranca el día para nosotras. Desayunamos, vamos al gimnasio para entrenar con el preparador físico. En base a una planificación, el trabajo va variando. Al mediodía tenemos la parte técnica, con sparring, bolsa, manoplas.

–¿Cómo es la concentración para enfrentar una pelea?
–Comienza cuando te dicen: hay una competencia. Ahí arranca la motivación para trabajar, para poder dar todo, comienza el trabajo enfocado en lo que se viene. Te come la ansiedad de que llegue rápido el momento. El hecho de tener que viajar te mata más que la pelea. A la pelea en sí, casi no la sentís.

–¿Hubo algún momento difícil en tu carrera?
–Cuando me fui de la selección porque extrañaba. Me vine y acá no tenía nada. Era chica. Dejé pasar una oportunidad grandísima. Pasó medio año hasta darme cuenta. Tuve la suerte o el don de tener una segunda oportunidad. Fue ahí cuando dije: No me bajo nunca más.

LEONELA

–Y vos Leonela, ¿cómo te decidiste?
–Yo nací queriendo hacer boxeo. Tenía 5 años, cuando me di cuenta de que quería dedicarme al deporte. El deseo vino en la sangre. Cuando Dayana se animó, le dijo a mis padres y al año siguiente yo también les dije que quería boxear.

–¿Qué es lo que más te cuesta de moverte en este ámbito?
–Para cada competencia hay que viajar, pasamos mucho tiempo fuera de casa. No nos fue fácil dejar muchas cosas para ir, sacrificarlas para poder entrenar y llegar bien a una competencia, a un nivel óptimo y así representar bien a la Argentina. Lo más complicado es dejar todo para estar al 100%.

–¿Quién las apoya para esto?
–Mi mamá nos apoyó muchísimo. Cuando pasó todo lo de mi papá quisimos dejar de boxear y ella nos mantuvo firmes. Es la que siempre tuvo confianza y nos dio el empuje para seguir hasta donde estamos hoy. Yo tengo pareja desde hace 5 años, él también es boxeador y me da un apoyo increíble. El cuerpo técnico también. Tenemos mucha gente que nos banca.

–¿Cómo recordás aquella etapa dolorosa durante la adolescencia?
–Fue difícil, dura, la tuvimos que remar muchísimo. Quedamos solas. Perdimos nuestra casa por los problemas de mi papá. A partir de ahí vivimos en casas usurpadas. Hasta llegamos a dormir en la terminal (de ómnibus) porque no teníamos a dónde ir. Finalmente, hace 10 años el gobierno nos otorgó una casa en barrio Juan Pablo II.

–¿Estudian también?
–Estamos terminando el secundario. También esto fue difícil. Cada vez que nos llamaban de la selección, teníamos que cortar la escuela. Un mes sin tocar un libro. Te olvidás todo. Hace poco nos pusimos las pilas para poder terminar.

–¿Qué significó la medalla de oro en Perú?
–Todavía estoy sin palabras. Fueron mis primeros (Juegos) Panamericanos. Dayana siempre me decía lo que eran porque ella ya había participado. Fue ir, sacrificarme para obtener el resultado que conseguí. Me dio mucha satisfacción. Valió la pena todo el esfuerzo, no sólo el mío sino el de mi familia y toda la gente que nos ayudó a lograr este sueño. Me preguntan qué significa ser campeona sudamericana y la verdad es que no encuentro palabras para decirlo. Llena de orgullo. Ni yo me lo creo.

–Y fueron dos medallas…
–Dayana tuvo un nivel muy bajo en las eliminatorias para los Panamericanos. No fue una buena competencia. Sin embargo llegó a la final, peleando con dos potencias como Canadá y México. Ella cumplió en entregar todo hasta el último momento.

DAYANA Y LEONELA

–Qué le dicen a alguien que quiere dedicarse al boxeo.

–Dayana:
Siendo muy chica, con todos los miedos y sabiendo que me iban a decir que no, aún así me enfrenté a mis padres. Fue una lucha porque me cerraron muchas puertas. Aún así la peleé y puedo decir que gané por cansancio hasta que me dieron el sí. Después de eso no tuve miedo de enfrentarme o pelear con quien sea para lograr lo que quiero. No hay nadie que me ponga un freno.

–Leonela: El que no arriesga no gana. No es bueno quedarse con las ganas. Si lo querés, hay que buscar lo que uno sueña. De uno salen las ganas y la decisión.

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