Dante Enriquez y Darío Brugnoni son parte indiscutida del libro contemporáneo de la gastronomía cordobesa. Ellos, ahora socios, buscaron sus caminos por sendas diferentes hasta encontrarse en una receta tan clásica como popular. Son simples, alegres, emprendedores y familieros. La vida para ellos sucede en el plano de lo real y bastante cerca de la cocina.

“Nos conocimos en una escuela de gastronomía, donde dábamos clases. Siempre nos llevamos bien, pero en un momento nos fuimos haciendo más amigos. Hablamos de hacer algo juntos y así nació Siete Onzas”, cuentan los socios. Sin embargo, no es fácil comprender por qué dos profesionales de la cocina eligieron abrir un restaurante dedicado a la elaboración de hamburguesas. De eso y otras cosas, hablamos con estos señores que hacen televisión (Lagarto Show), ganaron premios internacionales y abrieron la segunda sucursal de Siete Onzas en Villa Allende.

¿Cómo se desarrollaron en el rubro antes de ser famosos y exitosos?
Darío: Es muy difícil ser cocinero en Córdoba. En mi caso, requirió de mucho esmero y pasión. Me replanteé muchas veces mi labor, hasta que un día entendí que mi trabajo no sería lo que yo miraba en canal Gourmet (risas).
Dante: La vida del cocinero es compleja. Le dedicamos mucho tiempo al trabajo y no tenemos tanto lugar para el ocio o el compartir. Nuestros amigos y familias son de fierro y es algo que valoramos.

¿Han sufrido fracasos antes de este éxito?
Darío: Mi primer emprendimiento como cocinero fue un parripollo, que desarrollé durante un año. Yo estaba en la parrilla, prendía el fuego dos veces y hacía más de 50 pollos por turno. Estaba abrumado, pero me sirvió para confirmar que era lo que realmente quería hacer.
Dante: He apostado por negocios gastronómicos en los que me fue mal y requirió esfuerzo volver empezar.

¿Les gusta comer, además de cocinar?
Disfrutamos de los platos, las combinaciones, nos sorprendemos de las nuevas pruebas. Pero además –y sobre todo- disfrutamos mucho de beber. No es la cantidad sino la calidad y el momento de disfrute.

¿Cómo llegaron a esta pasión?
Dante: Empecé a cocinar casi por obligación. Cuando estaba en el colegio secundario, mi madre trabajaba y yo debía cocinar para mi hermana. Ahí empecé a probar recetas y eso me ayudó a tener algunos laburos en esa época para irme de viaje.
Darío: yo aprendí en casa. Es llamativo porque tengo momentos en los que conecto con ciertos platos hechos por mi madre y mucho más de mi abuela. Fui probando desde chico y siempre tuve claridad de qué quería hacer.

La hamburguesa perfecta
Si bien Dante y Darío explican que no existe una sola hamburguesa perfecta, nosotros ahondamos en esa idea… ¡tiene que haber alguna ‘casi’ perfecta! En realidad, los cocineros entrevistados aseguran que cada persona tiene sus propios gustos y que es interminable la cantidad de variedades que se pueden lograr. “Hay componentes básicos como el pan, la carne, vegetales, quesos y aderezos. Nosotros hacemos hamburguesas de carne de conejo, pasando por salmón, molleja, pollo, cerdo y vaca”, cuentan.

¿Por qué hacen hamburguesas?
Empezamos a hacer hamburguesas porque notábamos que existía un prejuicio que no iba en contra de las tendencias mundiales. En nuestro país, se trataba a la hamburguesa de comida chatarra, industrializada, y no existían propuestas con buenos panes y el uso de materias primas de excelencia. Allí decidimos cocinar versiones artesanales y de gran calidad.

¿Cuál es la hamburguesa perfecta para ustedes?
Dante: La combinación que siempre me resulta es la de cebolla morada cruda, lechuga, tomate, panceta, carne de ternera y queso provolone. Puede tener huevo y palta, alguna mayonesa casera y salsa picante.
Darío: Tengo muchas y van cambiando según el momento. Hoy me gusta la del mes, que se llama Mediterránea, y tiene aceitunas, queso muzzarela, rúcula, cantimpalo, hamburguesa de blend de carne de vaca y cerdo.

 


“Me veo como un tipo sencillo y un cocinero de familia. Mi vida es muy simple”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


“Tengo muy buen humor, pero también carácter fuerte. Me considero un cocinero poco rebuscado y no apunto a vender humor”.

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