Patear tableros suele ser difícil. Cuesta mucho dejar atrás certezas cuando jugamos partidas en las que estamos tristemente cómodos, cuando sabemos de memoria las reglas del juego, cuando las fichas, dados y participantes se mueven exactamente como es esperable. Casi siempre nos cuesta darnos cuenta que cambiar de juego, aunque asuste, es parte fundamental de crecer.

No es sencillo arrancar de nuevo; enfrentar lo desconocido genera aumento más o menos considerable de los montos de ansiedad y angustia. Evolucionar, avanzar, implica soltar. Siempre. Soltar lo que nos quita brillo, lo que nos liquida la energía. Soltar lo que nos limita, aquello que conocemos bien pero no nos permite ser todo lo libres que deseamos.

Soltar cuando lo que venimos sosteniendo se vuelve insostenible, cuando descubrimos que todos los esfuerzos ya no valen la pena. Soltar como acto de valentía, de amor a nosotros mismos. Soltar como acción necesaria para la evolución personal. Aceptar que hay espacios, vínculos, relaciones, roles cuyo sentido se diluyó con el tiempo, duele. Duele porque durante una etapa nos constituyó, fue parte de nuestra vida, rutina, tiempo… duele porque lo que se suelta para no volver deja un espacio vacío. Qué importante es darnos cuenta de que los espacios vacíos son necesarios para que el aire circule antes de redefinir las cosas. Soltar implica un proceso, requiere atravesar instancias. A soltar se aprende soltando, aceptando que a pesar del dolor hay que dejar ir para dejar llegar.

María Eugenia Bruno. Lic en Psicología, MP 8242.
@psicóloga_maria_bruno
Ilustraciones: Milagros Raffaini

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