Existen tantas maneras de encontrarse o perderse con el otro como personas que, flechadas por Cupido, le apuestan al amor. En las últimas décadas, esto se ha exacerbado y las libertades individuales han adquirido fuerte protagonismo en las formas modernas de ‘ser’. ‘Las parejas que conviven, duermen en la misma cama’, era una frase obvia… hasta hace un tiempo. En la actualidad, en épocas de relatividad y formas de vincularse que se redefinen constantemente, esto dejó de ser así.

Hay parejas para las que compartir la cama es innegociable a pesar de discusiones, parejas
para las que No te aguanto más, me voy a dormir al sillón no es una opción, por más enojo que exista. Para ellos, la cama es un lugar de encuentro, de calma después de un día largo; contexto para conectar con el otro al resguardo de sonidos, demandas, trabajo, celulares, hijos.

Momento de diálogo y acercamiento no sólo sexual, en el que el calor y aroma de la pareja es el mejor ansiolítico e inductor de un sueño tranquilo y protegido.

Hay otras parejas que no comparten este criterio en la intimidad nocturna y eligen dormir
separados como opción. Aunque suele asociarse el hecho de no pernoctar juntos como sinónimo de que algo no funciona correctamente, signo de frialdad y distancia, en muchos casos ese no es más que un mito a derribar.

Resulta cada vez menos extraño escuchar historias y relatos en los que dormir en habitaciones diferentes es parte de la normalidad, sin que esto de ninguna manera sea causante de conflicto.
Existen diversos estudios que afirman que la calidad de sueño mejora significativamente al
dormir sin compañía ya que movimientos bruscos, ronquidos y demás estímulos indeseados, interfieren sin duda con un buen descanso.

Por otro lado, desarrollos de terapia familiar y de pareja, exponen ideas relativas a que el
espacio vacío en la cama puede reforzar el deseo y disminuir de alguna manera el efecto
aplastante de la rutina, además de evitar roces propios de la convivencia: ‘Yo quiero ver tv
hasta tarde y a mi pareja le molesta’, ‘mi pareja lee en la cama y a mi me molesta la luz’, etc.

Sea de la forma que fuera, es importante estar lo suficientemente conectados y conscientes
del estado de la relación, de la calidad de la comunicación y los acercamientos, para no caer en recetas ni clichés que nos dicen ‘cómo se supone que deberíamos funcionar o dormir o vivir para ser una pareja normal’.

El acuerdo y el diálogo, siempre son la clave.
El amor no tiene recetas y la forma de vivir ese amor, menos aún.

 

Maria Eugenia Bruno. Lic en Psicología, MP 8242.
Especialista en psicoterapia cognitiva.
Instagram: psicóloga María Bruno.

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