José Palazzo es de las personas que mejor comprende el juego de la compensación, en el que no siempre se gana. Su historia de vida le permite distinguir la paja del trigo y el derecho de la obligación. Por eso responde a todo, atiende a la prensa, se banca las movidas públicas y asume como parte de su trabajo el ‘dorarle la píldora’ a determinadas megafiguras internacionales. Pero en sus ratos caseros, José es un padre atento, un cocinero activo, amigo de sus cercanos y fiel a los domingos de asado en familia. Esos momentos, que combina con la faceta de productor de espectáculos, también agregan un gran consumo de música, su banda de blues y un programa de radio llamado La casita del blues.

Aprovechamos el mes del hombre para charlar con este cordobés, en un encuentro relajado. Así, haremos un vuelo rasante por cada uno de los ítems que lo definen y que, de sólo enumerarlos, quedamos agotados. Porque si hay una palabra que representa a Palazzo es la de ‘sujeto activo’. En todo y siempre.

Hace poco cumpliste años… ¿cómo te llevás con el paso del tiempo?
No soy nostálgico, pero miro hacia atrás para revisar las cosas que me pasan. Sin ir más lejos, hace poco fui a ver la tumba de mi hermano y abuelos, junto a mi papá. Había ido una sola vez en mi vida, a los 20 años.

¡Qué fuerte arrancamos! ¿A qué respondió esa visita?
Sentía que lo tenía pendiente. Hace más de cuatro años empecé una terapia como parte de mi tratamiento para dejar las drogas. Mi psicólogo me ayudó a eliminar las cosas que tenía sin resolver y es algo que me hace bien. Para eso tuve que hablar, asumir y resolver cada punto de conflicto de mi vida.

Problemas personales porque en lo laboral se te ve resolutivo, ¿no?
Totalmente. En mi trabajo resuelvo problemas todo el tiempo. Trabajo con egos, problemas, pedidos y más. Y en esto de resolver me faltaban temas personales. Hoy me dedico a eso y avanzo de a poco. Uno de los temas en los que “eché un vistazo” fue la muerte de mi hermano que sucedió cuando yo tenía tres años. Era chico, pero claramente me afectó.

¿Y cómo vas con las demás vinculaciones familiares?
Somos una familia súper unida, siempre desde la libertad. Imaginate que tengo arito desde los 15 años y mi papá era bastante conservador (risas). Siempre valoré lo que hicieron mis viejos para acompañarme. Mi papá es un tipo maravillosamente genial. Se autoexigió y nos educó desde la idea del sacrificio.

¿Cómo es tu vínculo con tus hijas?
Con mis hijas tuve una historia especial porque fui papá joven. Siento que no fui tan cercano como fue mi padre conmigo, pero sí logramos un vínculo afectivo muy importante. Trato de estar presente, preocupado y ocupado por ayudarlas. Hablo tres veces por semana con Agustina que vive en Barcelona y llamo tres veces por día a Pilar que está en Córdoba.

¿Tres veces al día? ¿No será mucho?
Eso me dice ella (risas). Hoy la llamé dos veces durante la mañana y me di cuenta que estaba siendo un poco cargoso.

¿Cómo llevás el hecho que Agustina viva lejos?
Para mí es un castigo terrible tener un hijo en exilio, por más que sea voluntario. Me cuesta horrores y la extraño. Sin embargo, entiendo que cada persona tiene sus proyectos e intereses y solamente puedo ser parte si me invitan.

¿Qué puntaje te pondrías como padre?
Por momentos supero el siete, pero mis hijas se han sometido a situaciones que no vivieron otros hijos y ahí es cuando no apruebo. Puedo ser un padre presente y atento, pero debo cuidarme mucho por ser una persona pública.

 

 

 

 

 

 

 

                                                                     

 

Otro de tus amores es el blues, ¿cómo seguís con la música?
Para mí la música es sinónimo de felicidad. Me cuelgo en cualquier recital, me sumo a tocar el bajo y lo disfruto mucho. Lo hago terapéuticamente, pero he tenido logros que me enorgullecen.

¿Y con los medios?
La radio y la televisión son grandes pasiones. Ahora despunto mi vicio con La casita del blues en Cosquín Rock Radio y siento que soy bueno haciéndolo. Te lo digo sin humildad. No soy bueno tocando el bajo, pero sí haciendo radio (risas).

Estás llevando Cosquín Rock al mundo, además de traer músicos internacionales, ¿son todos goles?
No todo lo que toco es oro. Entiendo que se percibe eso, pero no es cierto. La doble cara de la moneda serán Paul McCartney y Bob Dylan.

Claro, con Paul te fue bien, pero con Dylan no…
Me fue muy mal con Bob Dylan. Rompí las bolas hasta que lo traje (risas). Pero más allá del placer de hacer ese show, perdimos una fortuna.

¿Aprendes de los fracasos?
Es mi principal profesor. De los triunfos no aprendemos demasiado.

Si no trabajaras más de productor, ¿tenés plan B?
Siempre. Tengo plan B, C y hasta D. Los medios son una opción, pero no descarto la comida. A veces pienso mi retiro en un pueblito lejano en medio de las sierras cocinando, con huerta propia, haciendo dulces, tocando con mi banda de vez en cuando.

Lo que más le gusta de sí mismo: “Tengo mucha voluntad y he logrado cosas
realmente difíciles. Mi fortaleza es que no claudico”.
Lo que menos le gusta de sí mismo: “Soy culposo. Me cuesta disfrutar de los
éxitos porque no todo lo que toco va bien. Muchas veces me va mal”.

Cosquín Rock
Palazzo y su socio llevaron el festival de Cosquín Rock a más de 10 países como Estados Unidos, México, Costa Rica, Uruguay y Perú. Además, tienen en agenda la versión española para el 2020.

La banda de Palazzo se llama Los Mentidores y une a rockeros, como Franco Ronchetti, y cuarteteros, como Dani Guardia. Fueron recientemente invitados como únicos sudamericanos a un festival de blues en Brasil.

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