Respirar para mejorar nuestras vidas. Meditar para tener pensamientos positivos. Hacer yoga para cuidar nuestro cuerpo. Escuchar música para conectar con los sentimientos. Estas son sólo algunas de las claves que aprendemos junto a la mujer de tapa de este mes, quien creó un método llamado Yomu que da vueltas al mundo, junto con sus libros y canciones. Hablaremos sobre la importancia de estas prácticas ancestrales, cómo llegó a los niños de todo el mundo y qué nos recomienda para renovar energías en este fin de año.
Por: Mili Felizzia / Fotos: Zura Lagarde

Cynthia Zak es cordobesa, está casada con un alemán que creció en Madrid y tiene hijos norteamericanos: Marlon (26 años), Allegra (23) y Satya (12). A pesar de vivir lejos, su conexión con La Docta es cotidiana ya que desarrolla desde hace dos décadas la corresponsalía de Cadena 3 en Estados Unidos y elige nuestra ciudad para producir sus libros y discos desde 2009. Actualmente es reconocida por crear un sistema de mindfulness que combina movimiento, yoga, respiración, música, neurociencia y meditación, que se aplica en escuelas de todo el mundo.

¿Cómo creaste YOMU, esta técnica que se enseña en escuelas y elijen las personas adultas?
Para llegar al sistema YOMU (que en japonés significa “leer en el aire”) pasé por muchos procesos y maestros. Desde muy chica he tenido mucha inquietud por cuestiones del universo y explicaciones existenciales. Algo que sigo teniendo.

Vayamos entonces a tus inicios con el yoga. ¿Cómo empezó todo?
Cuando tenía 20 años me fui a vivir a Madrid y allí conecté con el yoga. Si bien no era tan común, me metí en una clase y nunca más salí. Es una medicina y lo mejor es que es accesible para todo el mundo. Me tocó un maestro espectacular y empecé a sentir las bondades rápidamente.

¿Eso te llevó al mindfulness?
Empecé a practicar muchísimo la atención plena y la meditación. Cada respiración te conecta con la concentración.

¿Y qué pasó luego?
Nos mudamos hace 28 años a Estados Unidos y en 2001 conocí a la esposa de un amigo de Buenos Aires que se convirtió en mi socia. Ella se llama Aira Guevara, es venezolana, y juntas decidimos fundar una revista, un programa de radio y un periódico que se hizo muy popular: El paracaidista. Nació para ayudar a los inmigrantes en Miami y se convirtió en un bastión de 20 mil ejemplares. ¿Qué tiene que ver con lo actual? Todo. Es ayudar al prójimo, sumar contenidos que hagan la diferencia para un mejor mundo.

¿Y el yoga quedó en stand by?
Luego volví al yoga y con más fervor hasta que un día pensé “cómo hago permanente esta felicidad y cómo lo traslado a los demás”. Entonces aposté a mi convicción de dedicarme full time al yoga para niños (siempre estuve en contacto con chicos y jóvenes, además de mucha formación musical). Así que transité mi certificación (200 horas de entrenamiento) y comencé con esto en el 2006.

Un camino que te llevó al reconocimiento mundial, ¿cómo lo lograste?
Al principio conecté con una chica que estaba comenzando un programa con el Gobierno Federal para colegios de zonas de bajos recursos de Miami y en pocas clases entendí que la música nos conectaba y lograba cosas maravillosas. Entonces empecé a buscar música para niños y no había nada de calidad.

¿Y empezaste a hacer esa música?
¡Claro! Produje mi primer disco. Las ideas están al alcance de la mano y lo que no está hecho, hay que hacerlo. Al disco lo grabamos en Córdoba (salvo un tema que se grabó en México) pero antes había publicado mi primer libro.

¿Cómo fue la creación de ese primer libro?
Nació como una necesidad. Empecé en 2009 y lo publicamos en 2011. Cada presentación se llenaba con docentes que buscaban aprender y luego del disco entendí que se necesitaba un equipo: ahí armé la primera formación con meditación, canciones y yoga. De alguna manera allí nació Yoga Music (como se llamaba en ese momento) que se convirtió en una escuela internacional. Ya en 2013 lancé mi segundo libro (ya suma tres) y en 2014 el segundo disco (tiene seis en su haber).

¿En ese momento te diste cuenta que YOMU era algo trasnacional?
Con las canciones noté que era imparable y me di cuenta que era más grande de lo que yo misma había imaginado. Empecé a recibir mensajes de todo el mundo y hoy se practica en más de mil colegios y lo conocen más de 20.000 niños y familiares. Pero entendí que debía unir otras personas y hace cuatro años me asocié con un equipo que funciona muy bien gracias a Enrique Failacce y Luz María Vélez, mis socios y cofundadores.

¿Qué tienen tus canciones y método de distinto?
Con una canción logramos hacer foco en la atención, respiración, autocomparación, empatía, resiliencia, tranquilidad y atención. Por eso son tan poderosas. Busco que salgamos un poco de individualismo y veamos al otro.

¿Eso cambia el crecimiento de los niños?
Los niños que practican yoga tienen la posibilidad de autocontrolarse y tener confianza en sí mismos. Se animan a empezar de nuevo, a pedir disculpas y a transitar momentos complicados con cierto equilibrio emocional.

Tu canción dice “cada pensamiento es una semilla y puedes sembrar un jardín. La libertad más inmensa de elegir lo que piensas”… ¿nos cuesta ser libres?
Vivir la libertad es difícil, nos cuesta jugar. Somos adictos al sufrimiento y lo notamos en nuestros pensamientos, alimentación y modos de vida. Nuestro cuerpo está en constante estrés. Si percibimos la cantidad de pensamientos negativos y quejas que manifestamos a diario entenderíamos lo que impacta en nuestro cuerpo. Minamos nuestros sistemas inmunológicos.

¿El yoga nos ayuda a ser menos ‘sádicos’ o negativos?
El yoga, la respiración y lo que sucede poniendo la coronilla en el suelo nos ayuda mucho y eso está demostrado científicamente. Activa acciones del cerebro que no se activarían de otra manera. Esta disciplina milenaria nos invita a quedarnos quietos y conectar con el aquí y ahora.

¿Qué más nos recomendás?
Para mí la felicidad se logra al conectar con las verdaderas pasiones y hacer un ritual de bienvenida para honrar esa pasión.

Consejos de Cynthia Zak para terminar el año en ‘paz y amor’

– La respiración es el ancla: la meditación te va indicando qué hacer hasta encontrar tu ancla. Para eso importa seguir la respiración por la nariz, y luego ir avanzando hacia el uso los dos canales (izquierdo y derecho). Lo más importante es una vez al día contar nuestras inhalaciones y exhalaciones en nueve.
– Respiración abdominal: luego de aplicar lo anterior, es recomendable no dejar toda la respiración en el pecho, y eso se logra poniendo la mano en la panza e inflándola como un globo. La profundidad de la respiración nos mejora la digestión, el sistema cardiovascular, entre otras cosas.
– Ponerle el cuerpo: existen algunas actividades que se pueden realizar, como unir las yemas de los dedos acercando y alejando la palma, como un acordeón, para acompañar la respiración. Eso produce un efecto calmante y nos conecta.
– Agradecer diariamente: les propongo usar los marcos de las puertas como “recordatorio” de poder interior, la vitalidad y la posibilidad de agradecer. Cuando pasemos por un marco, diremos “gracias” y los usaremos como portales de energía.

Estas formas nos ayudan a todos y lo más importante es experimentarlo. No le creas a nadie: ¡hacelo!

¿Sabías que…? El estrés baja nuestras defensas, pero las enfermedades generadas pueden ser prevenidas con técnicas como YOMU.

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“Esta disciplina milenaria nos invita a quedarnos quietos y conectar con el aquí y ahora”.

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