Por María Ester Romero

Es la creadora de ‘Cura Té Alma’, la primera marca premium de té argentino, cuya planta de fabricación se encuentra en Río Cuarto. Desde allí partieron las latas que llegaron hasta la reina Máxima de Holanda y las infusiones que fueron servidas y regaladas a los reyes de España cuando vinieron a Córdoba, para el Congreso Internacional de la Lengua Española.

Belén vivió ochos años en Holanda, realizó un Master en Comunicación Empresarial y trabajó como ejecutiva de cuentas de una firma taiwanesa. Esas experiencias precedieron la decisión de crear Cura Té Alma. Lleva los blends de té en hebras, hechos con sabores y fragancias argentinas, a numerosas ferias internacionales. En 2018 participó de Sial, la gran exposición gastronómica de París y este año llevó sus productos a Anuga, Alemania.

–¿Estamos en lo cierto si decimos que tu historia como emprendedora es un mensaje de resiliencia?
–Es así. Es una inspiración desde que comencé hasta hoy, de que todo se puede lograr con trabajo, pasión, estando enfocada en el objetivo, sin bajar los brazos. Lo más importante es sentir el corazón encendido. No dejarse llevar por la cabeza.

–¿Cómo fueron los primeros pasos de Cura Té Alma?
–Estudié lo que es el mundo del té mientras viví en Holanda. Allá estuve ocho años. Me fui a hacer un Master en comunicación empresarial y me deslumbré con el mundo del té. Me fasciné con pétalos de flores, comencé a descubrir y a viajar. Regresé a Argentina pensando que sería por un año, pero finalmente cambié de plan y decidí tener mi vida aquí. Fue un desafío. Y dije: “Si me quedo emprendo mi propio negocio”. En Holanda trabajaba como ejecutiva de cuentas para una empresa de Taiwán. Tenía todas las oportunidades allá, pero decidí quedarme acá a raíz de una opción familiar. El té llegó a mi vida en la búsqueda de un camino espiritual. Conocerse a uno mismo es fundamental. Hacia dónde queremos ir, cómo trascender en la vida.

–¿El nombre de la marca tiene que ver con eso?
–Ahí nace el nombre. Yo le pedía a la vida que se me abra un camino y apareció el té. Así comencé. Lo de Cura Té Alma no fue de un día para el otro. Quería darle un significado a lo que producía. Quería que cada mezcla esté asociada a una virtud. Una es sabiduría, otra amor, esperanza, serenidad; de modo que cada persona al tomarlo se conecte con esa virtud. Y también significó un desafío, el de generar el primer té argentino premium. Era el objetivo y lo logré. Hoy estamos exportando a Alemania; en Uruguay arrancamos en Punta del Este en 2015 en la zona más exclusiva y atendiendo un público de Brasil, europeo, americano, argentino que llega a Uruguay. Pero todo nació de un camino que fui transitando en estos años. El té cura el alma. Ese es el espíritu en la creación de cada blend, en su elaboración. Somos cinco mujeres las que lo que producimos. Luego hay contadores, diseñadores, community managers.

–Tu historia se dio a la inversa de muchos argentinos que quieren irse, que buscan proyectos fuera del país. Vos estabas afuera y decidiste volver, afincarte y producir en Argentina.
–En ese momento decidí ser madre, tener a mis hijos en Argentina por el concepto de familia que hay aquí. Allá, en Holanda, sabía hasta la edad en que me iba a jubilar dentro de la empresa, tenía todo asegurado. Lo más fácil era seguir allá. Quedaron mis amigos, hasta el día de hoy viajo dos veces al año. Se sorprenden de todo lo que he logrado en Argentina. Empecé con muy poco, viajando a ferias artesanales por todo el país. Puse mucho esfuerzo. El “no” es una palabra que no existe en mi vocabulario. Soy muy optimista y donde todo el mundo ve algo negativo yo encuentro lo positivo.

–¿En qué momento pasaste de las ferias artesanales en Traslasierra a las ferias internacionales?
–Cuando comencé vendía todo a granel. Me iba los sábados a Villa Las Rosas (en Traslasierra) a primera hora para conseguir un buen lugar en la feria artesanal. Luego comencé a vender a tiendas mayoristas. Les gustó el producto y me dijeron que necesitaba packaging. Fue cuando comencé a trabajar en la marca y vino la Fundación E+E a Río Cuarto para presentar un plan de negocios. Hice un click. Era lo que necesitaba. Es imprescindible saber dónde estamos parados y dónde queremos ir.

–¿Cuál fue el momento más difícil?
–La constante es tomar decisiones, cada día como cuando comencé a dar los primeros pasos. La empresa está en crecimiento. Estamos exportando a nuevos mercados lo que significa un desafío muy importante. Trabajamos la marca país. Es clave ser dinámicos y tomar buenas decisiones sobre la marcha.

–¿Cómo se armoniza la vida de una empresaria y la familia?
–Cuando mis hijos Valentín y Max, salen del colegio, a veces los incorporo para pegar un sticker o cortar una fruta. Que vean lo que mamá hace. En todos los viajes que puedo, los llevo. La comunicación es fundamental. He aprendido con el tiempo a administrar los horarios. Antes trabajaba de sol a sol. Fue una época muy dura porque estaba muy enfocada en el proyecto. Hoy trato de poner un horario de cierre, dar a la familia momentos de calidad. Y mucho diálogo.

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